A veces, todo lo que necesitamos no es otra pastilla, ni otra charla, ni una lista de tareas para mejorar… sino simplemente cerrar los ojos, respirar profundo y dejarnos cuidar.

El Reiki llegó a mi vida hace muchos años como una caricia suave, invisible, pero profundamente transformadora. Desde entonces he tenido el privilegio de acompañar a muchas personas en su proceso de sanación, tanto física como emocional.

En este artículo quiero compartirte, desde la experiencia y desde el corazón, cómo esta maravillosa técnica energética puede ayudarte a recuperar el equilibrio interior, liberar tensiones, y reconectar contigo misma o contigo mismo.

Porque sí, el Reiki actúa sobre el cuerpo, pero también sobre el alma. Y cuando aprendemos a escucharnos con amor, algo dentro empieza a florecer.

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    ¿Qué es el Reiki y cómo actúa en nuestro cuerpo y mente?

    Cuando alguien me pregunta qué es el Reiki, suelo hacer una pausa. Porque no es fácil describir con palabras algo que, más que entenderse, se siente.
    Reiki es energía. Pero no una energía cualquiera: es una energía amorosa, sutil y profundamente sabia, que viaja allá donde más se necesita.

    Reiki es una técnica ancestral japonesa que canaliza energía universal a través de las manos. Pero también es una forma de acompañar, de sostener, de ofrecer presencia sin juicio. Cuando practico Reiki, no “hago” nada en realidad. Solo soy canal. Me convierto en un puente entre la energía universal y quien la recibe.

    Y en ese fluir, ocurre algo mágico.

    El cuerpo empieza a soltar. Las emociones se desbloquean. La mente se calma. El alma respira.

    Desde un punto de vista más técnico, el Reiki actúa sobre el sistema energético de la persona: los chakras, los canales sutiles (nadis), el campo áurico. Pero su efecto se percibe también en lo físico y en lo emocional. Es como si todo el sistema –cuerpo, mente y espíritu– se alineara para recordar lo que realmente somos: salud, equilibrio, serenidad.

    Muchas personas llegan a una sesión de Reiki sin saber bien qué esperar. A veces con ansiedad, estrés, dolores físicos o simplemente un “no sé qué me pasa, pero no estoy bien”. Y casi siempre, al terminar, me dicen: “Siento paz”. Una paz que no viene de fuera, sino de dentro. El Reiki solo la despierta.

    Beneficios del Reiki en la salud mental: equilibrio emocional y paz interior

    Si hay algo que he podido comprobar una y otra vez en las sesiones que facilito, es cómo el Reiki calma el alma. No importa si la persona viene con ansiedad, angustia o un torbellino mental imposible de sostener… en cuanto empieza la sesión, todo empieza a aflojarse. Es como si algo dentro supiera que ya puede descansar.

    El Reiki actúa de forma profunda sobre el sistema nervioso, ayudando a reducir el estado de alerta constante en el que vivimos. Esa sensación de estar siempre “a punto”, con la mente llena de ruido, con el pecho apretado y la respiración corta… ¿te suena? Con Reiki, el cuerpo entra poco a poco en un estado de relajación profunda y la mente empieza a calmarse, sin necesidad de forzarla.

    Además, desde un enfoque energético, el Reiki ayuda a equilibrar los chakras relacionados con las emociones —como el chakra del corazón (Anahata), el plexo solar (Manipura) o incluso el tercer ojo (Ajna), cuando hay pensamientos obsesivos o miedo al futuro—. Al liberar bloqueos en estos centros, se abre espacio para que la energía fluya con más libertad, trayendo sensaciones de ligereza, claridad y conexión interior.

    He acompañado a muchas personas que atravesaban momentos de crisis: ansiedad, ataques de pánico, duelos emocionales, estados depresivos leves o simplemente saturación mental. Y no hay nada más hermoso que ver cómo, tras varias sesiones, recuperan su centro, vuelven a respirar con calma y se reencuentran con su paz.

    Aquí te comparto dos de los efectos más habituales y potentes que he observado:

    Reiki para la ansiedad: volver a respirar desde el alma

    La ansiedad es como un nudo en el pecho que aprieta incluso cuando todo parece ir bien. Con Reiki, ese nudo empieza a aflojarse. No es magia instantánea, pero sí un proceso real y profundo.
    Durante la sesión, la persona se permite por fin bajar la guardia. El cuerpo se siente seguro, contenido. Y la respiración, esa gran aliada, se vuelve más amplia, más suave, más consciente.

    Muchas personas me dicen después: “Hacía tiempo que no me sentía tan tranquila”. Y eso es un regalo inmenso.

    Reiki y estrés: el descanso profundo que no sabías que necesitabas

    Vivimos en una sociedad donde descansar parece un lujo. Pero el cuerpo lo necesita. Y el alma, aún más.
    El Reiki genera un estado de relajación tan profundo que muchas personas se quedan dormidas en la camilla. Pero no es un sueño cualquiera. Es un descanso reparador, regenerador, en el que se activa la capacidad natural del cuerpo para autorregularse.

    En sesiones continuadas, he visto cómo el estrés crónico disminuye, el humor mejora y la persona empieza a relacionarse con su día a día desde otro lugar, más sereno, más consciente.


    👉 Si en este punto sientes que el Reiki puede ayudarte a reconectar contigo misma/o, puedes echar un vistazo a las terapias que ofrezco en Centro Kalindi, tanto de forma presencial como online. Estaré encantada de acompañarte.

    Efectos del Reiki en la salud física: restaurar, liberar y sanar desde dentro

    Aunque muchas personas conocen el Reiki por su impacto emocional, los efectos que produce a nivel físico son igual de potentes. Nuestro cuerpo guarda memorias. Tensión, dolor, cansancio, bloqueos… todo eso no aparece por casualidad. Y aunque solemos buscar soluciones externas, muchas veces la verdadera sanación comienza dentro, cuando damos espacio para que la energía vuelva a fluir.

    Durante una sesión de Reiki, se produce un reequilibrio sutil que afecta al sistema nervioso, al sistema inmunológico, a los órganos y tejidos, incluso a la calidad del sueño. Lo que ocurre es que, al entrar en un estado de profunda relajación, el cuerpo sale del “modo supervivencia” y activa su capacidad natural de autorregeneración. Lo he visto tantas veces que ya no me sorprende… pero siempre me conmueve.

    A nivel energético, el cuerpo empieza a liberar lo que ya no necesita. Y eso puede traducirse en menos dolores, más vitalidad o incluso en un cambio en la forma en la que habitamos el cuerpo: con más escucha, más respeto, más presencia.

    Aquí te comparto dos de los beneficios físicos más frecuentes que observo en quienes acuden a terapia:

    Alivio del dolor y desbloqueo energético

    El dolor físico muchas veces va acompañado de un bloqueo energético. Un nudo, una zona donde la energía no fluye. Y el Reiki, al ser una técnica no invasiva, permite trabajar sobre ese dolor sin forzar, sin imponer. Solo acompañando y dejando que la energía haga su parte.

    Personas con migrañas, dolores musculares, molestias digestivas o fatiga crónica me han compartido cómo, después de varias sesiones, su dolor disminuyó notablemente. No se trata de sustituir ningún tratamiento médico, sino de complementarlo, de crear un espacio donde el cuerpo pueda colaborar en su propia sanación.

    Apoyo en procesos de enfermedad o recuperación

    Otra de las grandes virtudes del Reiki es su capacidad para acompañar procesos largos: enfermedades, operaciones, etapas de recuperación. En esos momentos donde todo duele —el cuerpo, el alma, el ánimo—, el Reiki ofrece consuelo, alivio y fuerza interior.

    He trabajado con personas que estaban en medio de tratamientos médicos complejos, y el Reiki les ayudó a descansar mejor, a sentirse más conectadas con su cuerpo, a vivir su proceso con más calma. No es un milagro, pero sí un apoyo profundo y real.

    Y lo más bonito es que cada cuerpo responde a su ritmo, con su propia sabiduría. Yo solo pongo las manos, la energía hace el resto.

    Una terapia completa para cuerpo, mente y alma

    A lo largo de los años he comprobado que el Reiki no se queda en lo superficial. No solo relaja. No solo alivia. Va mucho más allá.
    Es una terapia que abraza al ser completo: al cuerpo que duele, a la mente que no para, al corazón que arrastra heridas, al alma que busca sentido.

    Y eso es precisamente lo que hace que sea tan transformador. Porque no se enfoca en un solo síntoma, sino en la raíz del desequilibrio. A veces ese desequilibrio se manifiesta como ansiedad. Otras veces como insomnio, tristeza sin motivo, contracturas constantes, desmotivación, falta de energía… Pero en el fondo, todo está conectado.

    Cuando trabajamos con Reiki, estamos diciendo al cuerpo y al alma: “Estoy aquí. Te escucho. Puedes soltar.”
    Y en ese acto de presencia y entrega, algo empieza a recolocarse. Con suavidad. Sin forzar. Desde dentro.

    Lo hermoso es que cada persona vive el Reiki a su manera. Algunas sienten calor. Otras ven colores. Algunas lloran sin saber por qué. Otras simplemente se quedan en silencio. No hay una única forma de experimentarlo. Y no hace falta creer en nada para que funcione. Solo dejarse sentir.

    Porque el Reiki no impone. Acompaña. Y a veces, eso es justo lo que más necesitamos.

    ¿Quieres probar una terapia de Reiki?

    Si algo me ha enseñado el Reiki es que no hay procesos pequeños. Cada paso hacia uno mismo es un acto de amor.
    A veces, ese paso comienza con una decisión sencilla: dejarse cuidar, abrirse a lo nuevo, regalarse una pausa.

    Si sientes que tu cuerpo te está pidiendo descanso, si tu mente necesita silencio o si tu alma lleva tiempo pidiendo espacio… quizá esta sea tu señal.
    Te invito a vivirlo. A tumbarte en la camilla, cerrar los ojos y permitirte sentir. Sin expectativas. Solo estar.

    En el Centro Kalindi, ofrezco sesiones de Reiki tanto presenciales como online, siempre en un espacio de contención, escucha y respeto profundo por tu proceso.

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    Estaré encantada de acompañarte si lo sientes. Porque sanar no es hacer más… es recordar quién eres.

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